El
ensayo [1] es un tipo de prosa que brevemente analiza, interpreta o evalúa un tema. Se considera un
género literario, al igual que la
poesía, la
ficción y el
drama.
Las características que debe tener un ensayo son las siguientes:
- Es un escrito serio y fundamentado que sintetiza un tema de gran significación.
- Posee un carácter preliminar, introductorio, de carácter propedéutico.
- Se expresa en un estilo denso y no se acostumbra la aplicación detallada.
Es un
género literario dentro del más general de la
didáctica.
El ensayo consiste en la
interpretación o
explicación de un determinado tema —
humanístico,
filosófico,
político,
social,
cultural,
deportivo, por tomar algunos ejemplos—, sin que sea necesariamente obligado usar un aparataje documental, es decir, desarrollado de manera libre, asistemática, y con voluntad de estilo.
Un ensayo es una obra literaria relativamente breve, de reflexión subjetiva, en la que el autor trata de una manera personal, no exhaustiva, y en la que muestra —de forma más o menos explícita— cierta voluntad de estilo. Esto último propone crear una obra literaria, no simplemente informativa. Puede tratar sobre temas de literatura, filosofía, arte, ciencias y política, entre otros.
Sólo en la
edad contemporánea este tipo de obras ha llegado a alcanzar una posición central.
En la actualidad está definido como
género literario, debido al lenguaje, muchas veces poético y cuidado que usan los autores, pero en realidad, el ensayo no siempre podrá clasificarse como tal. En ocasiones se reduce a una serie de
divagaciones y elucubraciones, la mayoría de las veces de aspecto crítico, en las cuales el autor expresa sus reflexiones acerca de un tema determinado o, incluso, sin específico tema alguno.
Ortega y Gasset lo definió como «la ciencia sin la prueba explícita».
Alfonso Reyes, por otra parte, afirmó que «el ensayo es la literatura en su función ancilar» —es decir, como esclava o subalterna de algo superior—, y también lo definió como «el Centauro de los géneros». El crítico
Eduardo Gómez de Baquero —más conocido como
Andrenio— afirmó en 1917 que «el ensayo está en la frontera de dos reinos: el de la didáctica y el de la poesía, y hace excursiones del uno al otro». Y por su parte
Eugenio D'Ors lo definió como la «poetización del saber».
Su origen se encuentra en el
género epidíctico de la antigua
oratoria grecorromana, y ya
Menandro el Rétor, aludiendo al mismo bajo el nombre de «charla», expuso algunas de sus características en sus
Discursos sobre el género epidíctico:
- Tema libre (elogio, vituperio, exhortación).
- Estilo sencillo, natural, amistoso.
- Subjetividad (la charla es personal y expresa estados de ánimo).
- Se mezclan elementos (citas, proverbios, anécdotas, recuerdos personales).
- Sin orden preestablecido (se divaga), es asistemático.
- Extensión variable.
- Va dirigido a un público amplio.
- Conciencia artística.
- Libertad temática y de construcción.
El ensayo, a diferencia del
texto informativo, no posee una estructura definida ni sistematizada o compartimentada en apartados o lecciones, por lo que ya desde el
Renacimiento se consideró un género más abierto que el medieval
tractatus o que la
suma, y se considera distinto a él también por su voluntad artística de
estilo y su subjetividad, ya que no pretende informar, sino persuadir o convencer.